martes, 28 de octubre de 2008
La cena
Una ensalada, servida en un plato blanco, ocupa un lado de la mesa. La mesa reposa en el centro de la pequeña habitación. Una puerta en un extremo comunica con un pasillo, el pasillo da a la cocina y ésta da a un pequeño baño sin ducha. En la cocina hay ruidos, de ollas y platos. Un olor dulzón llega por el pasillo e invade la habitación y la mesa. El aire frío de la habitación se mezcla con la tibieza dulzona del olor. Se escuchan golpeteos de cuchillo en la cocina, luego llegan diferentes sonidos, de metal y madera. El sosegado olor que flota en la habitación se ve prontamente atacado por un fuerte olor a carne cocida. La ensalada en la mesa, antes en comunión con la habitación, ahora parece flotar ajena a esta ante la llegada del imponente tufo de la carne cocida. En el techo de la habitación reposa fría e inmóvil una araña de tres lámparas, una de estas titila y por momentos resplandece más que las otras dos. La sólida rigidez de la habitación resplandece por momentos. La luz se tensiona por un instante y en el siguiente la lámpara permanece apagada frente a las otras dos. El brillo de la ensalada se opaca un poco y el olor a carne acrecienta, de la cocina llegan ruidos de platos. Luego, por un instante, se percibe el suave traqueteo de una puerta. Dos voces se mezclan en vocales y consonantes, por la distancia no se pueden distinguir palabras precisas. Una de las voces se escucha un poco por sobre la otra. La puerta del horno se abre y se cierra segundos después, acompañando el sonido un leve aumento de olor a carne. Pasos desde la cocina, una mujer joven de cabello oscuro entra en la habitación sosteniendo platos con una mano y cubiertos en la otra. Apoya todo en la mesa y da la vuelta en un suspiro, vuelve a la cocina. Unos momentos después regresa con dos vasos en una mano y una botella negra de vino en la otra. Deja los vasos a un lado y apoya suavemente la botella en el centro de la mesa, cerca de la ensalada. Da la vuelta y camina de regreso al pasillo, antes de llegar se detiene y advierte por encima del hombro la lámpara quemada del techo, sus ojos se iluminan y dejan ver sus colores opacos. Al abandonar la mujer la habitación, ésta permanece sólida nuevamente, inclusive más fría que antes. La etiqueta blanca del vino en la mesa. El borde brillante de un vaso. La hoja gastada de un cuchillo. Una gota de agua en la ensalada. La mesa oscura de madera. El piso gris. El techo húmedo y la lámpara quemada. Las voces se oyen nuevamente, algunos sonidos dentro de una heladera acompañan una conversación armoniosa. La música de un celular resuena rápida y apurada, imponiéndose sobre los demás sonidos. Termina con un chasquido y se produce un silencio total. Luego de unos instantes una voz tranquila llega desde la cocina, pronuncia palabras cortas por momentos. Se oye otro chasquido. El olor a carne ha disminuido, acoplado a otros olores ahora, pero aún distinguible. El frío incómodo desaparece lentamente, todo se acomoda en la habitación, y reluce en armonía con esta. La mujer de cabello oscuro llega nuevamente, pero esta vez acompañada de un hombre de mediana edad y mirada serena. La presencia de éste último parece encajar en aquella habitación. En sus manos carga dos sillas que acomoda sutilmente en ambos lados de la mesa. La mujer se acomoda en una de las sillas y alarga los brazos sobre la mesa acomodando platos, cubiertos y vasos. El hombre deja la habitación. El olor a carne se acrecienta y el hombre regresa cargando una bandeja plateada que apoya lentamente en el centro de la mesa. Las miradas de ambos se cruzan en una leve sonrisa placentera mientras el hombre se acomoda en su silla. En la bandeja del centro reposa un peceto relleno con verduras, está dividido previamente en pequeñas porciones. El hombre se arrima sobre la mesa y toma una porción utilizando ambos cubiertos, la mujer lo observa sonriente mientras él deposita la porción en su plato y en el de ella. Luego toma la botella y la destapa en un sonido hueco que contorsiona la habitación por un instante. Comen en silencio, con leves pausas en las que cruzan miradas tranquilas. Todo en la habitación vibra en plenitud, sin excesos. La luz, los olores, el silencio de la cena, el brillo de los vasos, la calidez de la comida. Sus platos se ven vacíos casi al mismo tiempo, los vasos también. Un suspiro calmo invade la escena, sus miradas se cruzan y se mantienen. Una conversación invisible. El hombre toma una servilleta y limpia lentamente sus labios. Corre la silla unos centímetros hacia la pared y se incorpora. Camina hasta mí. En sus ojos un suspiro. Su mano en un bolsillo surge lentamente empuñando el arma. En la habitación todo se mantiene pasivo ante la presencia del arma.. Un sonido. En sus ojos un suspiro.
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