lunes, 27 de octubre de 2008
No volvió jamás
El hombre caminó lentamente, se acercó a la puerta empuñando un martillo con su mano derecha. Tomó el picaporte y con un leve juego de su mano izquierda lo giró.
Esperó unos segundos con un suspiro en la boca, se apoyó suavemente contra la puerta y con un golpe seco se abrió paso al amplio corredor con el martillo en alto.
Frente a él había un niño de seis años, era él. Y no pudo contener la furia.
-Ya no me molestes más- Le gritó
El niño alzó la mirada, de sus ojos emanaban lágrimas pesadas.
-¡Ya no quiero tus palabras! ¡No tengo tiempo para jugar con vos!-
El niño, afligido, bajó la vista y se marchó llorando.
El hombre cerró la puerta con determinación y se sentó en su sillón. Encendió el televisor y puso su serie favorita.
Mientras miraba el televisor, sin poder concentrarse en su serie favorita, recordó aquella tarde de verano en la que fue a visitarse con un regalo en el bolsillo y fue echado a la calle a gritos.
-¡Que tristeza!- Pensaba el hombre. –Cuando vuelva lo invitaré a pasar y aceptaré sus regalos- Pero mientras pensaba esto recordó que no volvió jamás.
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