martes, 28 de octubre de 2008

That’s 85

El hombre agitó los brazos nuevamente. El miedo impregnó sus piernas. Gritó. El miedo subió hasta su pecho. Sus brazos cayeron pesadamente sobre el agua. El terror absorbió su cabeza y perdió el conocimiento. El barco se perdía en la distancia. -¿Cuál es tu color preferido en esta habitación? -No sé, la verdad los tonos son terribles. -Si, el decorador tiene que haber sido un tanto excéntrico. -Lo cual no estaría mal en otro espacio, en este está definitivamente errado. -Sí, encima el pasillo parece el de un Holiday Inn. -Tal cual. -¿Qué te estaba contando? -No me acuerdo, algo de una cortadora de pasto. -No, mucho después. -¿Después...? Ah! Lo de tu primo, el que trabajaba en el IAC. -No, eso fue mucho antes, ya me acuerdo, te estaba por contar una muy buena noticia que me llegó de improviso. -Ah por eso no me acordaba, ¿Que pasó? -Hace unos días fui al That’s 85, el que vende libros, música, un poco de electrónica. Un poco de todo eso. Fui a comprar un libro para una amiga que cumple años. -¿Quién? -Michela, no la conocés. -No, con ese nombre me acordaría. -No es el nombre, creo, me parece que es un apodo, yo toda la vida le dije Michela. -¿Y se escribe con una ele o dos? -No sé, no importa, ¿Que te decía? -Que le compraste un... -Ah! Si, le compre un libro, me llamó un poco la tapa. Y yo sabía que le gustaban los escritores rusos, así que al primer apellido ruso que divisé... -Hay uno muy bueno, se llama Teorodov o Velkorov, algo así. -Sí, no me acuerdo el nombre del que compré, pero a todo esto lo que te quería contar es que me sorprendí al ver que estaba en liquidación por cierre, ese negocio está desde hace años, desde que yo era chica. -Victor siempre quiso comprarlo. -A eso iba, ¿por qué no aprovecha la oportunidad? -Sería su sueño, sería hermoso, siempre quisimos tener un negocio de música, desde adolescentes. -Y bueno... -Sí, pero si estaba en liquidación por cierre ya debe tener comprador. -Tal vez... ¿Pero no sería genial? -Sí... -Tendrías que averiguar. -Le tengo que contar a Victor, pero no lo quiero esperanzar sin saber... -Seguro que está en venta el local. -¿Vos decís? -Sí, tendrías que preguntarle a tu marido a ver si el sabe algo. -Después le pregunto, ¿sabes por casualidad por donde anda?, hace horas que no lo veo. -Subió a tomar sol, me lo crucé en las escaleras, casi me atropella. -Sí, está todo el día así, corriendo de un lado a otro, no sé si es la emoción o el encierro en el crucero. -Tenía más cara de emoción que de desesperación. -Y, de entrada a él, el mar, le fascina. -Pero nunca viene a la playa. -No, la playa no le gusta, siempre dice que una cosa es que te guste la arena y otra el mar. -A mí me gusta el sol. -A mí las olas. -¿Qué te parece lo de el negocio? -¿Qué cosa? -Que está en venta. -Me parece muy buena oportunidad, más que para mí, para mi marido. -Sí, pero a vos también te gustaría. -Sí, la verdad me encantaría. -Y no lo pienses, arreglá con el dueño lo antes posible. -Sí, lo mismo tendríamos que ver el tema de la plata. -¿Por? -Y, con el crucero se nos fueron un poco los ahorros.

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